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Miss Alemania 2013 es entrevistada por Caretas (Ellos & Ellas)




Antes de participar en el certamen de Miss Universo, la reina de belleza de Alemania planea visitar Perú, país donde nació su padre y vive su familia.

Hace pocos días, esta hermosa joven de 21 años fue coronada Miss Alemania en el estadio del Europa-Park (Rust, Baden-Württemberg). El triunfo alegra a Hannover, ciudad donde vive y estudia. Pero aún más a Perú, país donde nació su padre y que ha visitado en cuatro oportunidades para ver a su familia. En medio de la agitación que le ha significado el título, pudimos conversar con ella por teléfono, mientras viajaba en un tren con destino a Köln. Se defiende en un español marcado por el alemán, pero deja muy claro que la peruanidad es una cuestión de actitud.      
  
–¿Cómo has vivido la experiencia de convertirte en reina de belleza?
–La ‘Miss Germany Corporation’ nos llevó a la isla Fuerteventura, en Canarias (España), donde pasamos unos días preparándonos para la gran final. Allá tuvimos muchas sesiones de fotos, nos dieron clases de etiqueta y nos entrenaron para saber cómo modelar ante el jurado. Yo me decía que, aunque no me lleve la corona, ya había ganado por haber vivido esta experiencia increíble. Pero cuando fue el concurso, quedé elegida entre las Top 8. Entonces dije: “OK, ahora sí, a ganar”. Pero, la verdad, todo ha sido de la noche a la mañana y aún no me lo creo.

–¿Por qué crees que el jurado te eligió?
–¡No lo sé! Concursé con el número 17, y tiene que ser mi número de la suerte porque en otro certamen también gané con el 17. 

Ganó también un Alfa Romeo.
–Aparte de la corona de Miss Alemania, ganaste un Alfa Romeo. ¿Ya lo manejaste?
–Aún no, recién me lo entregarán en unos días. Les pregunté hasta cuándo podía tenerlo, pero me dijeron: “¡Es tuyo!”. Hace unos años trabajé tanto para comprar un Ford Escort del año ‘94… Y ahora será como manejar un jet.

–Hablando de trabajo, ¿cuál es tu profesión?
–Empecé estudiando para ser traductora profesional, pero no me gustó. Ahora estudio educación en la Universidad de Leibniz, con especialidades en matemáticas y español.

–Muchos alumnos se enamorarán de ti.
–¡Qué va! ¡Para cuando termine la carrera estaré vieja y habré subido muchos kilos!

La Miss Alemania es sobrina de la deportista peruana Edith Noeding, campeona sudamericana y panamericana de atletismo, que en la década del ‘70 participó en las Olimpiadas de Múnich y Montreal.

–Eres sobrina de la atleta peruana, Edith Noeding. ¿Sueles practicar algún deporte o hacer dietas?  –En realidad, no soy deportista y me encanta comer, sobre todo chocolates. Justo anoche estuve de jurado en un evento de belleza y nos quedamos hasta las 4 a.m. ¡A esa hora tenía tanta hambre que me comí una pizza entera!

 
–Tienes diente peruano, por lo visto. ¿En qué otras cosas demuestras tener sangre de este país? –Soy muy relajada, en Alemania son todos muy puntuales pero yo siempre llego media hora tarde (ríe). Por ejemplo, hace poco participé en un evento y las chicas que concursaban hacían listas con lo que debían llevar en sus maletas. Yo me fui con mis amigos a una discoteca hasta las 5 a.m. y recién empaqué cuando regresé a casa. Sin dormir me fui a la estación, a comprar ahí mismo el pasaje. En eso soy muy peruana, nunca me hago problemas. El apellido original era Nöding, pero el agente de migraciones que atendió al bisabuelo alemán en el puerto del Callao, transformó la diéresis en ‘oe’. En Perú nació su abuelo, Karl-Heinz Noeding, quien se casó con la moqueguana Hilde Koltermann. De la unión en Lima nacieron tres hijos: Karl-Heinz, Kurt y Edith. Estudiaron en el colegio Alexander Von Humboldt, y fue en el patio de recreo donde Karl-Heinz Noeding se enamoró de una colombiana de padre alemán, Claudia Fischer. Al terminar la secundaria partieron a Alemania, donde el mayor de los Noeding realizó estudios para ser cirujano. Asentados en Hannover, Karl-Heinz y Claudia tuvieron a Carlo, Carolina, y Carina.

No fueron pocas las veces que quisieron mudarse a Perú, pero la crisis de los 80’s se los impidió. De todos modos, las visitas a la familia eran frecuentes. Cuando Caroline tenía cinco años, le decía a su abuelo peruano que quería ser actriz. Él le decía que para eso uno debía tener mucha memoria, y le propuso un reto: le dio un libro con poemas alemanes, de Schiller a Goethe, para que cada noche se aprendiera uno. Ella aceptó, y cada noche antes de dormir se presentaba en el cuarto del patriarca a declamar.

Su abuela Hilde es fundadora del Centro de Amistad Peruano-Alemán (CAPA), que promueve el intercambio de escolares entre ambos países. Por esta labor recibió la Orden del Mérito del gobierno alemán. Ella nos cuenta, en tono premonitorio, que en una de sus visitas presentaron a la nieta en un concurso de belleza del Club Esmeralda. La niña quedó segunda, por no ser hija de socio. 

Al parecer, el modelaje le gustó, y a los 15 años incursionó en este mundo con sus primeras sesiones de fotos. 

–¿Tienes novio?
–No, no. Solo pretendientes (ríe)… Hay un chico en Hannover, pero no sé si pueda esperar tanto, porque estaré un año viajando de un lado a otro.

–Te encontraste con George Clooney poco tiempo después de que tú ganaras el concurso y él ganara un Oscar como productor de ‘Argo’. ¿Se convirtió en uno de tus pretendientes?
–No, solo nos tomamos una foto. ¡Es chiquito! Yo soy más alta que él… aunque es cierto, estaba usando tacones. Él me dijo: “Estás haciendo trampa”, y yo le respondí: “Little Man (Pequeño)”. Se rió, pero eso fue todo.

–¿Prefieres a los alemanes o los peruanos?
–Creo que ninguno de los dos (ríe)… Pero sí me parecen interesantes los chicos de pelo negro y ojos oscuros. Pero me fijo más en el temperamento: quisiera a alguien que me complemente. Imagino que, si yo me demoro mucho para salir, necesitaría a alguien que me apure. También tengo temperamento, así que necesitaría a una persona que me dé calma. Y que sea romántico, no como las telenovelas, pero que diga las cosas que salen del corazón.

–Y tu padre, ¿no es celoso?
–Para nada, esas cosas solo pasan en Perú. Está muy orgulloso de mí: cuando gané, vi que mi padre se estaba riendo de manera muy extraña. Luego lo vi bien, ¡y me di cuenta de que estaba llorando! Él me dice que disfrute de todas las cosas que puedo hacer en mi juventud, y que no me preocupe por si tengo novio o no.

–Ahora que deberás cumplir con el protocolo durante un año, ¿podrás visitar a tu familia peruana en los próximos meses?
–Mi padre ha pedido permiso a la organización, porque quiere que lo acompañe en mayo a Lima, para celebrar el cumpleaños de mi abuela y el Día de la Madre. Y quizá también vaya en noviembre, al matrimonio de un primo. Aún no lo sé, pero me gustaría mucho que se cumpla el viaje, porque hace mucho tiempo que no voy. Solo he estado en Lima y he ido a la playa con mi familia. Espero conocer Machu Picchu y las Líneas de Nazca esta vez, porque hasta ahora no he podido hacer turismo.

Su abuela, la moqueguana Hilde Koltermann , estuvo presente en la ceremonia. De amuleto, llevó puesta la Órden del Mérito que recibió del gobierno alemán, por fundar la asociación CAPA.
–Ya que te gusta comer, ¿con qué plato quieres que te reciban? ¿Con cebiche o ají de gallina?
–¡Con arroz chaufa!  

Muy a la peruana, el clan Noeding viajó para acompañar a Caroline en el certamen y verla lucir una corona que brilla mucho más que aquella del Club Esmeralda. Como amuleto, la abuela lució su condecoración. “Yo le di suerte”, bromea la tarde después de regresar a Lima. El orgulloso padre tiene otra versión: la autenticidad y la belleza natural de Caroline son las virtudes que flecharon a los jueces. “Y ahora, Miss Universo”, se despide.





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