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La Reina Sofia!!!


Sofía Franco ha pasado por todo, desde estrella infantil a modelo de portada. De reina de Viña del Mar a anfitriona en un restaurante en los EE.UU. Hoy su vida gira alrededor de una palabra: Amor.

A las 5:40 a.m. se activa el despertador en la habitación de Sofía. “Un ratito más”, balbucea ella. La alarma suena nuevamente. “Un ratito más, por favor”, suplica. Son casi las seis de la mañana y Sofía corre a la ducha porque dentro de quince minutos un automóvil de Frecuencia Latina estará esperando en su puerta para llevarla a dicho lugar. Al llegar a las instalaciones del canal pasa directo a la sala de maquillaje. Minutos más tarde está corriendo camino al set del noticiero de la mañana, ‘A primera hora’, donde, en su papel de conductora del bloque de espectáculos, hace compañía a los conductores principales, los periodistas Aldo Mariátegui y Claudia Cisneros. Ya son casi veinte años desde que apareció por primera vez en televisión, pero esto no es motivo para que la gente le eche más edad de la que tiene.


¿Cómo fueron tus inicios, cuéntanos sobre las paquitas?
–A los diez años le dije a mi papá que me trajera a este mismo canal para participar en un show infantil que buscaba a la ‘Paquita peruana’, una de las pequeñas bailarinas del programa de Xuxa, la recordada estrella brasileña. ¿Puedes creer que el que me hizo el casting aún sigue trabajando acá en el canal?, pero en la gerencia, claro. Él me preguntó: ¿“Bailas, cantas?”. Por supuesto que le dije que sí, fue una cosa muy rápida. Pero fue muy divertido, conocí a muchísima gente.

Has hablado de tu padre, ya son siete meses desde que partió...
–Es lo peor que me pudo haber pasado en la vida. Extraño su cariño, los almuerzos en los que la pasábamos juntos. Es algo muy triste para mí, hasta ahora lloro cada vez que me acuerdo de él.

¿Y tu madre también te apoyó en tu carrera?
–Por supuesto. Ella me hacía caminar con una pila de libros sobre la cabeza para que tuviera una buena postura. Hasta me cosía los trajes para mis presentaciones en la televisión.

¿Cómo era la pequeña Sofia en su casita de Santa Catalina?
–Lo pasaba con la familia, el colegio. Aún mis papas no se habían divorciado y todos estábamos muy unidos. Me gustaba mucho jugar a las Barbies, tenía todo. Desde la casa, el edificio, el carrito, el Ken, absolutamente todo. También me gustaba bailar muchísimo, bailaba todo lo que disfrutaba escuchar.

Ambos eran sordomudos, y tú a veces eras muy traviesa, ¿cómo hacían tus padres para llamarte la atención?
–Pues, a los gritos, como todos. Ellos eran muy estrictos. Lo que pasa es que las demás personas no entendían bien, porque no están acostumbrados. Pero yo sí entendía todo. Los sordomudos son personas muy especiales, hablan con las manos, cosa que para mí es muy normal.

SOLTERA Y SIN COMPROMISO
Muchos “romances” ha protagonizado Sofía, aunque, a decir verdad, casi todos han sido meras especulaciones hechas por la prensa. Aldo Mariátegui la llena de piropos y muchas veces termina hablando de su ‘microscópica minifalda’; claro está, con la venia, el permiso o la paciencia de su señora esposa. Sofía, pícara ella, le contestó preguntándole, el día de su cumpleaños, si aún soplaba... las velitas.

Hoy la prensa del espectáculo especula sobre su romance con Rodrigo González, más conocido como ‘Peluchín’, su co-conductor en el programa de espectáculos ‘Amor, Amor, Amor’. Ella bromea con el tema y, a sus 32 años, aunque confiesa que le gustaría tener un hijo, también dice no haber conocido todavía al amor de su vida.

Sincérate, Sofía, ¿cómo es con Peluchín?
–El romance se inició desde que Peluchín fue de invitado a mi bloque de espectáculos. Lo entrevisté y en cuanto se enteró de que yo estaba resfriada, empezó a venir al estudio trayéndome tazas de té con limón. Siempre vi detalles muy lindos de su parte, creo que desde que hice el primer programa con Rodri todo fluyó y se fueron dando las cosas... No fue una idea o algo planeado, lo que surgió fue natural... y lo cuidamos mucho.

¿Estás bromeando? Si tú no dejas dormir contigo ni a tu gato.
–Es cierto, no dejo dormir a nadie conmigo. Los pelos de mi gato me molestan un poquito, no soporto despertarme con los pelos en el cuerpo.

¿Y entonces, si estás con Peluchín, cómo haces con sus pelos?
–No me gustan los pelos del gato por todos lados, pero a ‘Peluchín’ lo vengo perdonando a pesar de que indirecta y directamente le he dicho que no me gustan los chicos con barba. Pero a él le queda bien.

¿La televisión le ha quitado espacio a tu vida?
–Si. En este momento estoy cien por ciento abocada a mi trabajo y a mi familia. La verdad es que no me imagino con una pareja, con una relación, porque no tengo tiempo ni para mí misma, ni para mis amigas, ni para nada.

Aclarando el tema, ¿te sientes cómoda siendo parte del negocio de la televisión?
–Ya estoy acostumbrada. Tengo experiencia, y la correa bien grande y bien puesta para soportar las críticas. Voy hacia adelante hasta que Dios me lo permita, pero tampoco quiero estar toda la vida frente a una cámara de televisión.

¿Ah no? ¿Cómo te ves en el futuro?
–Con una familia.

¿Te quita el sueño ser mamá?
–Tengo treinta y dos años. Aún tengo algo de tiempo para meditarlo. De hecho, veo a mis hermanos que son papás, una con mellizas y otro con un bebé de ocho meses...

¿Y tu, cuándo te animas, cuándo será tu gran día?
–No lo sé, mi gran día me lo imagino rodeada de la gente que me quiere y en una etapa diferente. Aunque eso aún no suceda, lo que estoy pasando por estos días lo disfruto un montón.

Y, mientras tanto, te dedicas a viajar...
–Ahora no puedo viajar ni por vacaciones; pero si, me encanta. Ni bien tenga permiso, vuelvo a Grecia. Últimamente me estoy sintiendo bastante cómoda allá. En Atenas tengo amigos, amigas... Tengo gente que me pide regresar y yo le digo “Ya, ya, cálmate”. Los dioses pues, tu sabes.

¿Te gustaría casarte con un griego?
–He conocido gente muy linda que vive allá pero no es de Grecia. En todo caso, lo importante es la esencia de cada persona.

Y, por el momento, ¿qué haces, sales de compras?
–Si, ¿cómo sabes?, compro ropa y zapatos como loca. Cada vez que viajo arraso con todo lo que puedo, hasta que las tarjetas lloran y me piden “¡detente, por favor, detente!”. Mi casa la he habilitado como si fuera un desfile de modas, donde la ropa está ordenada por colores y estilos. Sí, soy una compradora compulsiva de ropa. Me relaja tener siempre algo nuevo.

Fotos y nota cortesia de Caretas





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